martes, 29 de octubre de 2013

Montepulciano querido...

Siempre me preguntan por Montepulciano... Escribí sobre mi ciudad natal para el último número de la Revista Mustique y, como ya está en los kioscos, puedo compartir con ustedes la nota. Los invito a viajar por unos minutos hasta allí. Espero que les guste!
Se dice que, en la vida, para saber hacia dónde vamos, hay que saber de dónde venimos… Yo lo sé muy claramente, nací en un pequeño y glorioso pueblo del corazón de la Toscana: Montepulciano. Y ese pueblo no se parece a ningún otro.
La belleza es más bella, la luz es más luminosa, los cipreses son más altos y las iglesias (esos tesoros de Italia) son más propicias que otras para el misticismo y a la paz interior. La primera cosa que aprendí en Montepulciano (y nunca lo olvidé) fue a caminar. En efecto, las callecitas son tan estrechas, abruptas e inhóspitas para los autos que, desde mi infancia, tuve que aprender a «brincar» y a subir cuestas y pendientes. Siendo una colina con 605 metros de altura a nivel del mar, todo es subidas y bajadas. Los italianos dirían que las polizianas (así se llaman las habitantes de Montepulciano) tienen las piernas y la cola bien duras. El término «Polizianos» surge porque, en Montepulciano, en 1454, nació el gran poeta y humanista Angelo Ambrogini, conocido como Poliziano por el monte Pulciano.
Montepulciano tiene reputación mundial por su vino. Si Baco o el griego Dionisio volvieran a la tierra, sin dudas se instalarían allí. Nuestro vino se llama «Vino Nobile» y eso ya es todo un programa. Hay documentos de 1350 que mencionan las condiciones para el comercio y la exportación de este vino producido en Montepulciano y,  en 1685, el poeta Francesco Redi escribe una oda dedicada a alabar sus grandes cualidades (Montepulciano de cada vino es el rey).
En 1669 unos mercaderes ingleses vinieron al Granducato de Toscana para comprar ese vino tan excelente, reservado únicamente «a los señores». Nuestra riqueza y tradición son las bodegas que, en cada rincón del pueblo, rivalizan en la calidad, el carácter y la nobleza de sus productos.
Cuando era chica, el turismo escaseaba en Montepulciano. Mirábamos con ojos sorprendidos los raros visitantes que, en verano (nunca en invierno, ya que el clima es muy duro), se paseaban sorprendidos frente a tanta belleza desconocida.
Hoy Montepulciano es «el lugar» que hay que visitar en Toscana. Las callecitas, totalmente peatonales, están atiborradas de turistas que llegan del mundo entero. Este fenómeno ha hecho que el número de restaurantes haya crecido en más del doble, como también las tiendas de souvenirs y artesanías locales.
Los polizianos son gente muy secreta y misteriosa, y tremendamente orgullosos de sus raíces. No les gusta que los comparen con los habitantes de los pueblos cercanos, menos todavía con los fronterizos de la provincia de Arezzo. La única otra ciudad con la que sienten cierta fraternidad es Siena.
Es muy difícil hacerse amigo de un local, a pesar de que las cosas han cambiado en las últimas décadas. Esta manera de ser tiene que ver con la historia del pueblo que, a lo  largo de siglos, tuvo que luchar contra la pobreza y protegerse de las guerras que enfrentaban a Siena y Firenze.
De esas épocas queda lo que se conoce como «cocina pobre»: muy poca carne, muchas verduras y platos con pan, un rebusque de los campesinos para usar el viejo pan duro. Así nació la mítica «panzanella», un ensalada hecha con miga y costra remojada en agua y escurrida, condimentada con albahaca, tomates, pepinos, atún y cebollas y enfriada en la heladera. Un plato delicioso. Otra receta típicamente toscana es la minestra con el omnipresente pan y verduras.
El mejor restaurant de Montepulciano es «La Grotta», frente al Tempio di San Biagio. En verano se come en el pequeño jardín, desde dónde se puede percibir la cúpula de la Iglesia. En invierno, frente a la chimenea y su fuego de leña.
Pero el más típico lugar para comer es dal Pulcino, una fattoria donde todo es casero y biológico y los productos, el vino, el aceite, el pan, los cantuccini (unos deliciosos bizcochos con almendras), los pici (pasta larga casera) y el queso pecorino son hechos por los numerosos miembros de la familia Ercolani: hijos y nietos del capofamilia, conocido como el Pulcino.
Mi hermana y yo fuimos al colegio con las hijas del Pulcino y hasta hice la Comunión con dos de ellas.
A lo largo de los años, las líneas de productos del Pulcino se han agrandado e incluyen jabones de miel, perfumes a la lavanda, pot-pourri y mucho más.
También las sucursales son varias, e inclusive en Montepulciano tiene otro restaurant, que se llama «La Porta di Bacco»
Pero no todo es comida y la mejor parte de la ciudad es seguramente la cultural. La famosa Piazza Grande, donde se llega después de subir una cuantas pendientes, es una joya del Renacimiento. La Catedral (il Duomo) es una obra maestra y en su interior se encuentran tesoros como el Tríptico de l’Assunta de Taddeo di Bartolo, el altar de Andrea della Robbia, la Madonna Piccolomini di Benedetto di Maiano, entre otros.
El Palazzo Contucci, el Tarugi y, sobre todo, el Palazzo Comunale (que se parece al Palazzo Vecchio de Florencia) rodean esta plaza increíble, que ha sido también set de rodaje para películas como “New Moon” de la saga Crepúsculo y «Bajo el sol de la Toscana».
Hay muchas iglesias en Montepulciano: la de Santa Lucia, la de Sant’Agostino, la de Santa Maria. Una más antigua y bella que la otra. Pero se pueden encontrar similares en otras ciudades italianas.
Sin embargo, la más monumental, la única, la que no existe en otro lugar del mundo, la que amerita el viaje a Montepulciano, es el Tempio di San Biagio. Situada a los pies de la ciudad, es una creación que deja sin aliento. Obra del arquitecto Antonio da Sangallo (el viejo), su construcción empezó en 1518 y se terminó en 1580. Su forma en cruz, sus volúmenes perfectos, la pureza del travertino con el cual está construida, la serenidad que emana en su interior, hacen que la experiencia de visitarla sea inolvidable.
Todo ser humano necesita un punto fijo en el mundo, el mío está en Montepulciano…

lunes, 28 de octubre de 2013

Hola México!

¡Gracias a Hola México por publicar mi nota!

martes, 22 de octubre de 2013

Desde mañana en los kioscos...

¡Muchas gracias Revista Hola! 
Pueden leer la nota aquí.

viernes, 11 de octubre de 2013

Chantecler...

Amo el tango con locura. Y no lo sé bailar. Tampoco probé nunca, porque estoy segura de que no podría ...
Pero cada vez que hay un buen show de tango y, sobre todo en París, no falto nunca.
Por eso fui feliz a la première de "Chantecler Tango", una comedia musical de Mora Godoy, que estará en el Theatre Châtelet de Paris hasta el 3 de Noviembre.
Con una troupe de 23 profesionales y una coreografía totalmente perfecta y virtuosa, Mora demuestra que es la mejor bailarina de tango argentina. Es tan buena que hasta se puede permitir hacer una escena à la Rita Hayworth en Gilda.
Entre los presentes, había varios argentinos, periodistas y fotógrafos de Caras, noteros de TN y gente de la Embajada argentina.
Yo lo disfruté muchísimo y, por supuesto, me emocioné como siempre cuando estoy en contacto con la "argentinidad" pero en otro país.
Después fui tras bambalinas a saludar a Mora y a todo su equipo.
Vistos los aplausos y el entusiasmo del público, éste va a ser un gran éxito...

jueves, 3 de octubre de 2013

Fundaleu...

Como todos los años, desde hace más de diez, fui a la comida solidaria de Fundaleu (Fundación para combatir la Leucemia), que tiene a los Famosos por la Vida como Celebrity Waiters.
Y como siempre, la fiesta estuvo muy amena y divertida. Los famosos lograron vender las 500 bolsitas con productos, se hicieron sorteos y finalmente se recaudó mucho dinero, que va a servir para comprar maquinarias.
(Mi vestido era de Oscar de la Renta)
Como la fiesta es de largo, o black tie, todo el mundo estaba realmente muy elegante.Y los salones del Hotel Alvear, decorados maravillosamente para la ocasión.