lunes, 31 de diciembre de 2012

... Y que se les cumplan todos los deseos!

viernes, 28 de diciembre de 2012

Fiesta Lacoste 2012...

Mientras me maquillaba y me vestía para ir como todos los años, en la misma fecha, a la tradicional fiesta de Lacoste, me pregunté si de verdad todo eso valía la pena... Hacer tantos kilómetros, acostarse tarde, tomar frío... La duda me dejó pensando un rato... No, valer la pena no valía. Pero es una tradición, una de la pocas que todavía quedan en este mundo convulsionado y que cambia constantemente. Una tradición de Punta del Este, de los veranos australes, una tradición frívola... Pero so what?
Entonces, por amor a la tradición, para volver a saludar a amigos de ayer y de hoy, para seguir siendo parte de Punta del Este... Me vestí, me arreglé y fui a la fiesta de Lacoste en la Huella.
Y en el fondo, sí... Valió la pena.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Gracias Revista Hola...

... Y también a todos los que me han votado! Muy agradecida...

domingo, 23 de diciembre de 2012

Feliz Navidad...

... y mis mejores deseos para todos ustedes!!

jueves, 20 de diciembre de 2012

Revista Hola...

Gracias a la Revista Hola por incluirme en la lista de las mujeres más elegantes!!!

lunes, 17 de diciembre de 2012

St. Tropez, por la eternidad...

Luego de unas semanas muy movidas, corriendo de aquí para allá, finalmente ha llegado el momento de regresar a Buenos Aires y, rápidamente, desarmar las valijas para volver a armarlas y partir hacia Punta del Este en breve. Los últimos días del año siempre están llenos de actividades y cosas por hacer, pero es la cercanía del verano lo que nos mantiene en movimiento...
Punta del Este me recuerda a otro destino que disfruto tanto el esteño: St Tropez. Les he escrito varios posts desde allì, pero hoy quiero dejarles la nota que escribí especialmente para la Revista Mustique...
Antes de llegar a St. Tropez, es importante de hacer varias paradas en el camino de la leyenda… Hay que empezar por recordar el pequeño puerto de pescadores de comienzo del siglo pasado, descubierto por Paul Signac y sus amigos pintores; luego, el lugar de fiestas y de glamour, popularizado por Brigitte Bardot, Roger Vadim y Gunther Sachs; para finalmente llegar al fin del remanso melancólico que sirvió de escenario a la famosísima novela de Françoise Sagan y los de su banda de geniales escritores descarados. Pero, mas allá de estos clichés pertenecientes al pasado, St. Tropez propone una realidad contemporánea y forever re-inventada. Es por esta razón, que este lugar mítico y mágico no termina de sorprender y de seducir.
¿Tienen alguna duda? Bueno, entonces síganme…
¿Quieren codearse con millonarios y stars de cine?
Será suficiente con instalarse, a eso de las 12 del mediodía, en la terraza del Senequier, que es el centro neurálgico del microcosmo tropeziano. Este año festeja su aniversario número 125. Es allí que, entre un ex presidente de la República, algunos oligarcas recién bajados de yates vertiginosos, y varias estrellas del show-business, se deciden los acontecimientos y los eventos del día. ¿Quieren ir al festejo del cumpleaños de Naomi Campbell? ¿A la fiesta histórica y anual de Tony Murray? ¿ A la cena (privé) de Bernard Arnault? ¿A la partida de petanques organizada por Elton John? Todos estos programas tentadores no son inalcanzables por los comunes mortales, ya que la convivialidad es una de las reglas de St. Tropez. Por supuesto, tendrán más suerte los bellos y bronceados…
¿Quieren comer bien y hacer sociales?
Entre los tantos ritos que se imponen al pasar las vacaciones en St. Tropez, el más mítico es el de ir a almorzar al Club 55 (mi preferido) en Ramatuelle. Un nido de celebridades, un lugar para cruzarse con los viejos amigos, o distinguir a los millonarios venidos de los cuatros rincones del mundo y a sus “entourages” que bajan de los yates anclados en el mar de enfrente… Cada día se sirven más de ochocientos cubiertos.
La primera vez que almorcé en el Club 55, me enamoré de la salade Pampelonne (queso de cabra, tomates, menta fresca cortada y vinagreta) y hoy, todavía, muchos años después, no puedo pedir otra cosa…
El otro restaurant de playa para alternar es Nikki Beach, también muy bling bling. Pero el más decadentemente famoso, la Voile Rouge, acaba de cerrar este verano… Algunos lo lamentan. Otros, como yo, no. Hasta los excesos tropezianos tienen un limite…
¿Quieren hacer shopping?
Aquí está la cueva de Ali Babá: mejor que una cueva, pues estos tesoros no se encuentran en ningún otro lado. Sandalias, aros, bolsos de playa, bikinis, anteojos, vestidos para bailar “made in St.Tropez,” que tienen un “valor” que se explica por la felicidad que se siente al encontrarlos en el momento preciso en que se los necesita… Yo recomiendo especialmente una visita muy detallada a las tortuosas callecitas del puerto: rue Allard, rue Georges-Clemenceau, rue Gambetta, Place de la Garonne, donde las boutiques de las grandes marcas se codean con las típicas tropezianas, que son la fuente de inspiración de los looks del verano más glamorosos.
Inolvidables las sandalias de Rondini, que rivalizan con las de K. Jacques fabricadas in situ, los aros de Gas y de Alix, los vestidos sexies de Brigitte B. Desde hace un par de temporadas, las firmas más importantes, como Dior y Chanel, instalan en grandes villas antiguas con jardines, en el medio de la ciudad, sus boutiques efímeras. La de Dior está decorada por el gran Peter Marino.
Último consejo: no se pierdan el mercado de los martes y los sábados en la Place des Lices, una cita importante si se quiere vivir el verdadero St. Tropez…
¿Quieren “faire la fête”?
Entonces St. Tropez es el sitio perfecto. Se puede pasar la noche en Les Caves du Roy, en el Hotel Byblos, que es lugar preferido de todo VIP (y son muchos) que pase por la ciudad… Pero la dirección más legendaria es, para mí, la del Papagayo que, este año, también tiene un festejo especial: el de sus 50 veranos… Fundado por Francois “Frangy” Malortigue en el 1962, si sus muros pudieran hablar, nos contarían cómo Brigitte Bardot bailaba descalza, no lejos de Pablo Picasso, cómo Françoise Sagan discutía sentada en el bar, cómo la ola de las épocas Disco se desplegó con todo en el final de los ’70 y cómo hoy son los grandes DJs los que ponen ambiente y hacen bailar hasta la madrugada.
Muchos amores nacieron y terminaron en el Papagayo.
¿Quieren descansar?
El hotel donde posarse es el Byblos. En el medio del centro, con Les Caves du Roy abajo, es un clásico. Si bien no es muy apto para grandes descansos, es realmente muy típico y simpático.
Más alejado, y uno de los pocos cerca de la playa, se encuentra Le Chateau de la Messardière. Una construcción que recuerda los castillos de las fábulas de Perrault, que puede gustar o no, pero que ya forma parte de la deco histórica de St. Tropez.
Mi preferido es La Reserve de Ramatuelle, una pequeña joya en las colinas que cuenta con una arquitectura lineal y minimalista, y con la paz, la calma y la vista panorámica, lejos del mundanal ruido. Todo esto, fundamental para el verdadero descanso.
¿O simplemente quieren gozar de un mar incomparable?
Entonces váyase a nadar en las calas de Ramatuelle. Aléjese de las playas más concurridas y piérdase en la naturaleza rica y mediterránea de este lugar de ensueño. Todo podría cambiar un día… salvo su belleza natural.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Vitrinas de New York...

Bergdorf Goodman, en la Quinta Avenida... Mi tienda preferida en el mundo...
 La serpiente de Bulgari...
Harry Winston...

lunes, 3 de diciembre de 2012

Valentino...

Esta nota salió publicada el sábado pasado en el diario español ABC y ha sido un honor para mí que Martín Bianchi, el periodista que la escribió, me haya llamado para poder hablar de Valentino...

“Valentino prefiere la elegancia a la notoriedad”
Con motivo de la muestra «Valentino: Maestro de la Costura», que se ha inaugurado esta semana en Londres, ABC habla con Naty Abascal, Fiona Thyssen-Bornemisza y otras famosas clientas del diseñador italiano

Somerset House, antigua residencia de Isabel I de Inglaterra, es el único lugar en la capital británica digno de acoger una exposición sobre Valentino Garavani. El diseñador lo ha reconocido durante la inauguración de «Valentino: Maestro de la Costura», una apoteósica retrospectiva que reúne más de 130 vestidos de alta costura creados por su «maison» durante los últimos 50 años. «Adoro este palacio», dice con su inconfundible acento italiano. Esta muestra es el colofón de una historia cuyo único protagonista es «il signore» Garavani, pero que no podría haber sido escrita sin sus distinguidas clientas.
Valentino siempre ha sentido fascinación por el enrarecido y lejano mundo de la nobleza. En la primera sala de esta exposición, abierta hasta el próximo 3 de marzo, abundan cartas privadas y fotos con la firma de lo más granado de la aristocracia, desde la Princesa Salimah Aga Khan hasta Lord Snowdon, pasando por la Princesa Marie-Chantal de Grecia y Margarita de Inglaterra. Valentino enseña esos recuerdos personales como trofeos de su ascenso social: de humilde modisto de la ciudad de Voghera, en el norte de Italia, a ídolo de la «jet-set» internacional.
«Estar enamorado de la realeza no tiene nada de malo. Al menos ellos no apagan las colillas de sus pitillos sobre tu magnífica alfombra como hacen algunas hermosas celebridades de la música pop», dice la baronesa Fiona Thyssen-Bornemisza. «En los años 60 y 70, ambos vivíamos en los Alpes y éramos buenos amigos. Valentino es un anfitrión espectacular y entretiene con generosidad y elegancia. A todos nos encantaba ser invitados a su chalet en Gstaad», explica la exmujer de «Heini» Thyssen, íntima de bellezas olvidadas como Marella Agnelli o Eugenie Niarchos. «Valentino siempre ha preferido la elegancia a la notoriedad. Y aún así, es una estrella».
La modelo argentina Valeria Mazza tampoco olvida el carisma del modisto. «Hace muchos años, después de un desfile en Piazza di Spagna, en Roma, fuimos a cenar a su piso. Éramos veinte personas, entre las que estaban Sharon Stone y John Kennedy Jr. En cada detalle del piso, la decoración, la comida, la música, en todo se veía y se sentía su espíritu. A cada uno de los invitados nos hizo sentir importantes y queridos», recuerda la «top model», que comenzó a trabajar con él durante la Semana de Alta Costura de París, en 1995. «Nunca pasa de moda porque sus diseños son obras de arte», remata.

Desfile de alcurnia
La vida de Garavani no es una historia de obsesiones, sino de amores bien correspondidos. Él ama a la gente con buena educación y mejores títulos, y ellos le aman a él. Una de las galerías de Somerset House ha sido transformada en una glamurosa pasarela de sesenta metros de largo que propone un cambio de roles: el visitante toma el lugar de las modelos y debe desfilar por la pasarela para contemplar a una «audiencia» de ensueño que luce obras maestras de Valentino, como el vestido que eligió Jackie Kennedy para su boda con Aristóteles Onassis, el vestuario que utilizó Monica Vitti en «La Notte», o un abrigo de lana y piel que perteneció a la Emperatriz Farah Diba. En ese público de maniquíes relucen nombres como el de Sibilla de Luxemburgo, Gloria von Thurn und Taxis, Mette-Marit de Noruega, Rosario de Bulgaria o Sofía de Habsburgo.
Muchas de esas clientas dicen que el primer Valentino es como el primer amor, «imposible de olvidar». «Lo recuerdo perfectamente. Fue un pantalón, una camisa, un chaleco "gillette" y una chaqueta de la colección otoño-invierno 1971-1972. Fue un regalo que me hizo él», dice Naty Abascal, una de las musas del diseñador. «Lo prefiero a él por encima de otros por su feminidad, por su gran amor a las mujeres, porque realza nuestra belleza», añade la ex duquesa de Feria. «Me gustan mucho los colores que utiliza, tienen gran luz y son "donantes" a la cara. Las proporciones son perfectas».
La princesa y prescriptora de moda Patricia della Giovampaola d’Arenberg tampoco puede olvidar la primera vez que vistió un Valentino. «Cuando era adolescente y vivía en Italia, soñaba con llegar a tener la edad y la ocasión para poder usar uno de sus trajes de noche... Finalmente llegó la hora a finales de los años 90. Compré mi primer vestido de Valentino para usar en una fiesta en el castillo de mi primo, el Príncipe Edouard de Ligne. Era un traje rojo, con falda de volados, "corsage" drapeado y escote palabra de honor. Fue un sueño hecho realidad», dice la viuda de Rodrigo d’Arenberg. «Valentino es indiferente a la moda, su obsesión es lo atemporal», explica esta aristócrata italiana que vive entre París, Nueva York y Buenos Aires. La princesa D’Arenberg guarda sus vestidos de fiesta del modisto con «los máximos cuidados... porque un vestido no es solamente un vestido, también es el conjunto de recuerdos que conlleva».

El «rey» de la moda
El gran final de la exposición de Somerset House es el traje de novia de Marie-Chantal Miller en su boda con Pablo de Grecia en 1995. Se necesitaron cuatro meses de trabajo y 25 «ragazze» (como llama el modisto a sus costureras) para elaborar ese traje de seda color marfil con incrustaciones de perlas, doce tipos de encaje distintos y una cola de cuatro metros y medio. Según la periodista Suzy Menkes, máxima autoridad de la prensa especializada, aquel vestido representa un hito de la alta costura de finales del siglo XX, «el regreso de las clientas de la alta sociedad».
Obnubilado durante años con el «savoir-être» de la élite, ahora Valentino es su mejor ejemplar. Cavaliere di Gran Croce (la distinción de más alto rango en Italia), Cavaliere del Lavoro, Commandeur de L’ Ordre des Arts et des Lettres, condecorado con la Legión de Honor, Garavani acumula tantos honores como cualquiera de los esposos de sus clientas.
«Siempre me ha llamado la atención su refinamiento, su calma, su aspecto pulcro y perfecto», reconoce D’Arenberg. «La última vez que lo vi fue hace un mes en una cena de gala en el Museo de Orsay. Él estaba en la mesa de la condesa Jacqueline de Ribes, una gran amiga mía. Estaba impecable, el tiempo no pasa para él». Si lo dice una princesa...